Divertimentos


HAMBREADA


Era roja, con vetas doradas y naranjas, alguno que otro algodón que se coloreaba y eso la hacía más tentadora, así que me la comí.

Empecé a saborear el azul intenso de su vientre -cambiante con los minutos-. Deslizé ambas manos hasta encontrar las vetas rojas y las lamí con avidez.

Terca y fascinada con las extrañas texturas me quedé hasta que no sobró más que una franja con la que me amarré el cabello, y sin darme cuenta la piel se me oscureció y me puse negra, negrísima.





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